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RECETAS PARA LA CRISIS (y 10)

Me meto en el ascensor y aún nerviosa saco el refranero de mi abuela, siempre me he servido. Agua que no has de beber, déjala correr. ¿Era así, verdad?

Dos días más en este antro y me sale una úlcera duodenal. ¡Qué gente! Un jefe baboso regordete y acosador, una repipi estúpida y resabiada, maleducada y malfollada. Un florero que está en la entrada porque tiene que haber de todo en este mundo ¡¡ Arrivederci ¡!! ¡¡ Me las piro con viento fresco!! ¡¡Ya habéis visto bastante a la Purita, cabronas!!

Todas las cosas tienen su cara y su cruz. ¡Vaya cruz! Manolo se le pondrá una sonrisa de oreja a oreja cuando tenga noticias de mi estrepitoso fracaso laboral. Como si lo estuviera viendo. Lo peor, como si lo estuviese oyendo...claro, Puri, como tienes la piel tan sensible....como no sabes aguantar nada.....como te crees que todo el monte es orégano (otra expresión de mi agüelica)... Primera parte del castigo. Si tu hubieses tenido que hacer como yo....las veces que yo tuve que....no sabes tú cuando yo....Bla bla bla, toma matraca... Me suda los sobacos la bulla de mi ex, paso de sermones. Por no oírlo, no me quedo yo en este infierno aguantando carros y carretas.¡Faltaba plus!

Y ya que estoy repartiendo para todo el mundo...a María José ... mi amiga de la ETT...¡¡que la folle un pez también!! De acuerdo, me buscó un curro pero salió rana y cuando se lo explico me escucha igual que si oyese una piedra. ¡Al carajo! Purita no se arrastra por nada ni por nadie, ni por un puñao de miserables euros, la situación no es tan desesperada, tengo ahorrillos y el alquiler que me pasan por el local que compré con los réditos de mi periplo por la tele y el famoseo es un buen colchón de seguridad. Tranqui, Purita, el mundo no se acaba en esta escoria de oficinucha.

Son las cinco de la tarde y no pienso volver a casa. Me pego un garbeo por las tiendas del centro. Rebajas. Milagrosa palabra. Te cagas encima. De 24 euros a 22, 90. Joé, se habrá arruinado el sector. Éstas iban a ser las rebajas del siglos, con lo de la crisis iban a tirar la casa por la ventana...¡¡un huevo de pato!!

TODO A 3 euros .....rebusco en una montaña de tangas muy monos y cuando voy a pagar valen 7 euros. No puede ser le suelto a la dependienta, ¿cómo? Si ponía...No, señora, DESDE....me cago en la palabreja. Una miserable estafa. Se necesita una lupa para ver el maldito desde. Que le den por culo al tanga...que se lo ponga su fruta madre DESDE que lo dejado en el montón.


- Purita, ¿ande vas, maruja?

- ¡¡Botijo!!

- ¿Cómo te acuerdas, condená?

- Era tu mote de guerra.

- Con las caderas que tenía, estaba bastante bien puesto.


Hace una eternidad que no coincido con Botijo. Perdón, perdón...soy una mal educada, su nombre es Manolita. Manuela Artacho. Coincidimos en el cole. Tenía unas cartucheras que cabía todo el armamento de la primera, de la segunda y si se ponen las cosas feas...de la tercera guerra mundial. ¡¡Qué cularro!! Cuando te cruzabas por el pasillo con ella había que ajustarse a la pared porque te rebañaba seguro. Era una rebelde de cojones. Le plantaba cara a los profes que te cagas. No se cortaba.

- El otro día ya “acabemos” el tema, ¿verdad, don Mario?

- Amos, Manolita, Amos.

- ¿Adónde?

Y una jartá de reir de toda la clase. Ella era así, bruta, espontánea, aquí te pillo y aquí te mato. Una niña de armas tomar, de las que ahora seguro que mandaban al psicólogo por hiperactiva o por trastornos de personalidad o por cualquier chorrada de esas de niñas modernas, entonces, como mucho, la llevaban al despacho de la directora que le pegaba un repaso cada dos por tres para ponerla un día en vereda porque luego se descarriaba como si nada.

- Don Carlos, usted sabe mucho de Matemáticas, ¿verdad?- menuda preguntita si el que la recibía era el profe de Mates, como para decir que no.

- Sí, hija mía, llevo toda la vida entre números- el venerable maestro preparaba el cuerpo para el ataque de la alumna más descerebrada del cole.

- Usted seguro que lo sabe.

- ¿El qué, hija? Pregunta de una vez, no tenemos todo el tiempo del mundo, las ecuaciones están esperando, maja.

- Lo que mide la regla.

- ¿Cómo? ¿Cuánto mide la regla? ¡Cáspita! Pues no sé...vaya preguntita...pues hay de 40 centímetros...de un metro...

- No, si yo me refiero a la que tienen las mujeres cada mes.

- ¿Me estás tomando el pelo, condenada?

- No puede ser don Carlos, está más calvo que una bola de billar.

Ella era cerril de narices, pero sus padres parecían sacados del museo del terror. Cuando venían a buscarla a la salida cole era un espectáculo, venían en un furgoneta que era una carraca. Si se bajaba la madre (120 kilos por lo bajito), el vehículo se volcaba para el lado del conductor, si era el padre (otros tantos kilitos), para el lado del acompañante. Si se subía Manolita, las ruedas sufrían de lo lindo.

- ¿Qué es de tu vida, Purita?

- Tienes un par de horas para que te la explique.

- Exagerá....¿un cafetillo?

- Vamos.

Un par de cafés por mi parte y dos chocolates con sus correspondientes churritos por la suya (quién tuvo, retuvo y guardó para la vejez, olé por mi agüela) fueron suficientes para ponerla al día de mis andanzas. Lo último que le expliqué fue el show de la oficina. Manolita se descojonaba como una condenada, le babeaba el chocolate por la mandíbula.

- Tía, qué espectáculo...y el tío chorreando de sangre, el florero desmayado en el suelo y la refifi vomitándole encima. Para haber tenido una cámara de video y haberlo grabao, luego lo mandas a la tele y te forras.

- No estaba yo para grabar demasiado.

- Lástima que el tío no tuviera un polvo...

- ¡¡Manolita!!

- ¿Qué pasa, Puri? Si te ligas al jefe luego eres tú la jefa...

- Yo creo que eso no va así.

- Ay, bendita...tienes menos tiros daos...Por cierto...¿tú quieres trabajar?

- Joder, Manolita, la pregunta ofende.

- En mi fábrica echaron el jueves a una que siempre llegaba tarde.

- ¿Fábrica? ¿De qué va el trabajo?

- Curro en una línea de fabricación de productos de cosmética. De 7 de la mañana a 3 de la tarde. Mil cien euritos, ¿hace? Ná... ponerles el sellito, meterlos en su

cajita. No hay que ser ingeniera...¡¡¡estoy yo!!!



Purita, otro refrán de la agüelica...Dios aprieta, pero no ahoga.

RECETAS PARA LA CRISIS (9)

- ¿Ande vas, alma de cántaro?
- A trabajar.
- No hace falta....ya no trabajas. - ¿Cómo? - Coño, Puri tienes unas preguntas...
- María José, joder...no me digas
- Sí te digo...
- ¿Por qué? ¿Por qué?
- Hóstia, Purita...le partiste la nariz al jefe...te parece poco.
- Se lo hizo solito, guapa.
- Muchas gracias por lo de guapa pero él no comparte la versión de los hechos.
- Sólo hay una versión, me estaba tocando las tetas y tenía su cirulo encasquetao en mi espalda, me ladeé un poco y él que tenía todos los sentidos en manosearme pues no tuvo narices para parar el golpe.
- No, no le quedaron narices...se las partistes.
- Joder, María José, me estás tocando las narices...¡joder, maldita obsesión con la napia!
- Se acabó.
- ¿Qué quieres decir con se acabó?
- Vuelta la burra al trigo con las preguntitas chorras.
- ¿Qué estoy despedida?
- ¡¡Bingo para mi niña!!
- No puede ser.
- Es.
- Pero...tengo un contrato...yo no he incumplido nada...es el gilipollas de don Leonardo el que se propasó...yo no estoy de acuerdo...
- Buahhh.... Puri...bienvenida al mundo del trabajo...se nota que el tiempo que has estado fuera de circulación te ha vuelto muy delicada...
- Coño, María José, ¿tú jefe te toca las tetas?
- No, no...ya me gustaría, está como un tren...si pudiera le cogía las manos y le hacía que me auscultase el pechito...
- Pues mira, maja, don Leonardo seguro que te las toca...la diferencia es que es un cayo malayo...
- No digo Puri que te tengas que dejar tocar las tetas, por supuesto...pero tampoco partirle la cara al jefe a la primera que se te arramba.
- Muy fácil para ti, como no sentías el olor a no lavarse en una semana a tu espalda, como no le mirabas la cara de baboso...desde tu despachito es muy fácil dar consejos a todo el mundo. A ti te quisiera ver yo en mi situación.

Al otro del hilo telefónico no hay nadie. María José me ha colgado. Sí, señora, me he cargado dos pájaros de un tiro, qué puntería. Me he quedado sin trabajo y he cabreado a la que me lo suministró. Son las tres de la tarde y estoy a cien metros de la oficina, del lugar del crimen (vale, fue muy aparatosa la escena, con sangre por todas partes, la nariz tiene esas cosas, pero no creo yo que fuese para tanto).Joder, Puri, ahora no te puedes volver con el rabo entre las piernas y confesar al segundo día de curro a Manolo que te han despedido. Vamos, las carcajadas se sentirán hasta en el Himalaya. Puri, saca tu lado más amable, subes a la oficina, le pides perdón a don Leonardo, perdón, a Leo, le dices que todo fue una cadena de malos entendidos y de deslices sin importancia y pones cara de niña que no ha roto nunca un plato.

- Hola, buenas tardes.
- Tú no trabajas ya aquí.
Esta mañana me ordenó personalmente don Leonardo que llamásemos a la agencia de trabajo temporal para que te rescindiesen el contrato.

Nati, la de la entrada, la que se mareó como una gilipollas cuando vio cuatro gotitas de sangre se me pone farruquita. Al árbol caído todo el mundo se atreve a hacer leña. Me cago en la mar. Si pudiese sacar todo lo que llevo dentro. Tranqui, Purita, tranqui.

- Ya, ya...ya me han llamado.
- ¿Entonces?- me pregunta con todo despectivo.
- Puedo hablar con don Leonardo.
- No creo que sirva para nada. Creo que tu sustituta está en camino. Yo de ti...- otra farfollas que me quiere dar consejos.
- Me haces el favor de decirle qu
e quiero hablar con él.

De mala gana. Marca el n
úmero interno y le comenta a don Leonardo mi presencia. Su cara lo dice todo. Parece que Pinocho no está muy por la labor.
- Está ocupado. No puede recibirte. Dice que si tienes cualquier problema que te pongas en contacto con la ETT.

- Ya.

La Puri no es de rendirse a la primera dificultad. Las risitas de Manolo al volver me impulsan a dar una vuelta de tuerca. En lugar de irme por donde he venido me cuelo en el antedespacho donde Silvia que está llamando por el móvil no puede frenarme y cuando quiere reacc
ionar ya he abierto la puerta del despacho de Leonardo. Con el ansia de esquivar a Silvia no me he percatado que Leo, el objetivo de mi salvación, se ha puesto más colorado que un tomate al verme, se ha parapetado detrás de la mesa del despacho y aunque ha hecho un movimiento de despiste le he pillado la revista guarra que tenía encima de la mesa. Por la posición, los pantalones no deben andar muy en su sitio, está como estirado encima del sillón reclinable de cuero y no recupera la absurda posición. Vamos, una gallarda en toda regla a la hora de la siesta. Menudo gorrino.

- Ya le he dicho a Nati que....- tartamudea al hablar.

- Sí, sí...Leo – noto que le hace efecto la vuelta a la confianza perdida- yo
creo que puedes haberte precipitado en la decisión. Lo de ayer fue una situación muy embarazosa...no sé, yo no estaba preparada...
- Ya, pero es que me partiste la nariz- la verdad es que no había reparado en ella a pesar de su aparatoso vendaje, con todo lo que había visto al entrar en el despacho como que no era lo más importante.
- Bueno, Leo, yo creo que es el momento de pelillos a la mar...yo vengo con
mucha voluntad de arreglar las cosas. Borrón y cuenta nueva.... ¿entiendes?

No sé exactamente lo que entiende. Empieza a recolocarse sobre el sillón y veo que sigue dejando una mano por debajo de mesa, extraño, a no ser que... bueno, sonríe con su pose más babosa y luego cambia la expresión.

- Pero es que .....claro...ya tenemos una sustituta.
- ¿Es ese una gran obstáculo para que me pueda quedar?
- Mujer, es que...

- No sé, yo tengo muchas ganas de acabar el trabajo empezado. - ¿Sí?- creo que estoy ablandándole el corazón.
- Bueno, la verdad...no creo yo que haya problema...

- Ves, querer es poder...venga...dejo mis c
osas y me pongo con lo de ayer.

Cuando ya estoy a punto de abrir la puerta y restregarle a mis adoradas compañeras (o excompañeras??, no sé...estoy varía más que la bolsa) mi pequeño triunfo escucho la voz de mi recién recuperado jefe que no ha acabado.



- Alto, alto...¿a dónde vas?
- A seguir ordenando los informes que me dejé ayer a medias cuando...- no quiero traer de nuevo a la memoria el resbalón.
- No, no...yo necesito pruebas de que tienes una fuerte voluntad de solucionar las cosas.

Me huelo que este listillo quiere cobrarse una prenda. Puri saca tus dotes de seducción a pasear.


- Bueno, mira...si te parece quedamos el fin de semana y nos vamo
s a cenar...no sé....¿qué te parece?
- No sé...no sé...- lo veo como inquieto, nervioso...no parece haberle bastado mi propuesta.

- Ya verás cómo nos lo pasamos muy bien. No sé...luego podemos ir a bailar...


La cara demuestra una excitación muy semejante a la que le he visto nada más llegar y eso me pone un poco en guardia.

- Quiero una prueba de tu buena voluntad.
- ¿ No te basta con mi palabra?- me hago la remolona.
- Puede que me baste con tu mano.... o con tu boca....- el cabrón tira con bala de verdad, se ha olvidado las de fogueo en casa.
Puri se te están cerrand
o todas las puertas. Leonardo estira la mano como invitando a que pase la frontera. Está claro que cuando te acerques verás algo que no tendrías que ver. Jaque mate, Purita.

- Acércate, acércate....a ver si puedes hacer algo por este amigo....- baja la mirada y eso me saca de quicio. Puri, que ese amigo no te interesa....
- Mujer, tendrás que hacerme algo que me haga olvidar lo de ayer...ayer lo pasé muy mal...hoy lo quiero pasar muy bien.

- Ya...pero es que as
í en seco...-es la única evasiva que se me ocurre, pelotas fuera.
- Poquito a poco entrarás en calor, yo me encargaré.


Su mano me lleva a la otra parte de la mesa y allí hay una especie de seta, esmirriada pero colorada, con la cabecilla a punto de explotar que es el amigo que tengo que conocer. La cojo con dos deditos (no da para más), y le subo y le bajo la piel a la vez que él se espatarra como un gorrinillo ( si ya decía yo que....) esperando lo que la buena de Puri le pueda ofrecer. Hoy en día el trabajo está muy malo, yo soy el jefe y esta buena samaritana se me tiene que jincar aquí mismo porque la desgraciadita tiene un niño que cuidar y un exmarido que soportar. Es de lógica, si hay que hacer una manola o una mamadita, pues cosas que tiene la vida.
Y Puri...cuando se pone es la mejor...le recojo ese musculito que necesita casi microscopio para ser excitado y un par de bolitas semejantes a canicas y hago un paquetito y cuando el puerco empieza a gemir esperando momentos de gloria, la Puri, que es una profesional, la mejor en lo suyo, le pega un apretón que hace que Leonardo vea las estrellas sin coger el cohete.

- Me lo he pensado mejor. Si no le importa...paso un momento al lavabo que he tocado con esta mano una mierda y....

Lo dejo gritando y blasfemando en hebreo. Normal, tiene que hacer daño. Tengo yo una fuerza en la mano. Silvia me mira no sé si con admiración o con ganas de cagarse en mí. Me da tiempo de darle un buen consejillo.

- Que te follen.


Paso por delante de Nati, voy al minilavabo, me lavo las manos con jabón y cuando me voy a ir digo mis últimas palabras en aquella oficina.


- A la mierda.

RECETAS PARA LA CRISIS (8)


Sangra como un cochino. Vaya golpetazo más tonto. Ha sido sin querer, o queriendo, no sé, quiero decir que no tenía previsto lo que luego ha pasado. ¿Qué hago? Está liando un chapicheo de sangre encima de su mesa que luego va a haber morcilla para toda la oficina. Lo intento auxiliar pero se retira sin querer nada de mí, lo entiendo, gato escaldado del agua caliente huye. Pero... joder, ha sido en defensa propia.
Tal vez debería avisar a mi compañera, bueno quizás el término es exagerado para la relación que tenemos. Es una situación embarazosa a más no poder. Parece mentira que de la nariz de este hombre pueda salir semejante cantidad de sangre. Por favor, si es que como tarde un poco en buscar ayuda se desangra.
La cosa ha sido muy simple. Un desliz. Vaya, que se ha deslizado a base de bien. Tenía su aparato reproductor enganchadito a mi espalda y mis lolas empezaban a correr peligro porque su manita la dejaba caer como quien no quería la cosa. Total, que cuando me han saltado las alarmas pues he hecho una especie de llave de judo para deshacerme de la presión, me he levantado por sorpresa y don Leonardo (tal vez no tutearlo mientras sangre como un gorrino, ay, hija qué obsesión con el cerdo, será el subconsciente) se ha quedado suspendido en el vacío y como la otra mano, la que no tocaba teta, la tenía metida en su bolsillo (imagino frotándose aquello) no le ha servido de apoyo (si te tocas la polla no hay apoyo....tengo una gracia en los momentos dramáticos). Bueno, resultado, que se ha precipitado contra el canto de la mesa y la nariz ha impactado de lleno. Yo no pensaba que...

- Silvia, por favor, ¿me puedes ayudar?- salgo desesperada del despacho.

- Perdona, hermanitas de la caridad en el número de al lado- responde con ese cinismo que dios le ha dado.
- De verdad...que estoy en un aprieto...por favor te lo pido.
-Ehhh... amiga, los arrechuches del jefe cada una nos los manejamos como podemos...ahora no me hagas sacar fotos y enviarlas a secretarias acosadas sin fronteras, ¿vale?

La verdad es que lo que me viene de gusto estamparle los cinco dedos a la criaturita. Me solivianta el tono de sobrada que me gasta. No es que yo pretendiera que me hiciera una recepción solemne ni nada por el estilo pero es que es más agría que un limón corrompido. ¡Qué cabrona! Si no fuese porque la situación es comprometida le enseñaba un par de kilos de educación.

- Don Leonardo está sangrando mucho- es lo único que pude articular para cortar la tontería de Silvia.

- ¿Qué me dices, chavala?- ese calificativo ya me remeneó todo el estómago. ¿Chavala? Pero es que hemos comido juntas esta tipa y yo.- ¿Qué es lo que ha pasado, tía?- otra vez con las confianzas.- ¿Qué le has hecho?

- Ha sido el solito, gilipollas- superé el límite de paciencia.
- A mí no me llames...- hizo el ademán de levantarme la mano pero de la mirada que le pegué se le encogió de golpe.


Mientras nosotras discutíamos nuestro jefe estaba sentado ya en su sillón de cuero con el pañuelo más rojo que el capote de un torero y con manchas de sangre hasta en el carné de identidad. Cuando me quiero dar cuenta Silvia está en el suelo desmayada, me supongo que por la visión de la sangre. ¡Ay, Dios mío! ¿Qué hago yo ahora? Esto es un show. Mi primer día de curro y para qué contar. Yo sabía que el mercado laborar estaba jodío pero no que pudieran pasar estas cosas. Quién dijo aquello de que el trabajo dignificaba...¡¡¡una mierda pinchada en un palo ¡!! Tengo que ordenarme. Sólo tengo dos manos. La más grave es Silvia, por lo tanto me concentro en ella. Lo primero que hago es levantarle las piernas para que le vuelva la sangre al cerebro. Poco a poco va recuperando la conciencia, la siento en la silla asesina (sí, al retirarla es cuando don Leonardo se ha estampado contra el pico de la mesa). Le hago un poco de aire con unos informes, lo primero es que empiece a respirar, poquito a poco, venga mi niña, vuelve en sí, leches, que esto se está desmadrando una barbaridad. No caigo en que en el informe que estoy utilizando de abanico hay unas gotitas de sangre, me cago en la mar, para qué contar, la nena vuelve a perder el conocimiento cuando ve el rojo. Joder, vaya fallo...ahora le hago aire con la palma de la mano (qué gilipollas que soy, es como quién tiene hambre y se pone a cagar) pero es que está toda la mesa hecha un charco de sangre. La dejo recuperándose y me largo al lavabo en busca de una toalla. Don Leonardo sigue con su hemorragia y habrá que hacer algo. Cruzo la recepción de la oficina y dudo entre decirle algo a Nati, que está hablando por teléfono. Paso. Me vuelvo con una toalla que no parece demasiado limpia, a saber desde cuando no se cambia....pero ahora no es momento de ser chuchifalta...¡ para lo que tiene que servir! De reojo veo que Silvia está volviendo a este mundo y ahora me acerco a don Leonardo para cambiarle la inmaculada (es un decir) toalla por su pañuelo rojizo y le insisto en que recline su cabeza hacia atrás para acabar con la hemorragia. El tío se me escabulle de malas formas, no quieres de ninguna de las maneras que lo toque, supongo que se creerá que lo quiero rematar. Bien que se acercaba el cabrón antes. Que te den...

- ¿Qué es esto? ¿Un combate de boxeo? ¿Pero qué es lo que ha pasao? ¡¡¡Ay, Dios mío...!!! ¡¡¡Cuánta sangre!!!

Lo que faltaba para el duro. Nati que al verme correr para el lavabo y cruzar con la toalla ha seguido la pista y cuando me quiero dar cuenta está todo lo gorda que es espanzurrada en el suelo. Ahora que tenía a Silvia medio recuperada.... ¡¡¡No, joé, mi gozo en un pozo, que ahora la niña me está vomitando como una descosía!!! Me faltan manos... la oficina parece un hospital de campaña...

Don Leonardo con la cabeza para arriba y con restos de sangre por toas partes, Silvia, la pijita sabelotodo echando hasta la primera papilla encima de Nati que está estirada en el suelo sin enterarse de nada. ¡¡¡Virgen del amor hermoso, qué escenita!!!
Yo me voy...yo lo dejo todo y llamo a una ambulancia... todo por un maldito mal paso.
Joder, si don Leonardo tenía ganas de marcha que se hubiese llamado a un 903 o una pilingui que le hubiese aliviado, mira el fregao que ha montado el salido de mierda. ¿Qué es mi jefe? Y qué mierda me importa....en lo poco que lo conozco no se ha ganado mi respeto, al contrario, me ha parecido un sinvergüenza de tomo y lomo.


La pregunta del millón: ¿Y ahora qué hago?

RECETAS PARA LA CRISIS (7)

- Necesito el alabarán 3004. ¿Me lo puedes acercar, por favor? – vuelvo a notar cómo el jefazo supremo de la oficina me vuelve a escanear de arriba abajo. Una mujer sabe cuando la taladran con los ojos y cuando no.

- Si tienes libre hoy podríamos comer un bocadillo al salir y hablar sobre el contrato y cuatro flecos más-como ve que arrugo el ceño cambia los planes-. Ya quedaremos otro día. No te preocupes.

Salgo a por el documento que me ha pedido, vuelvo a entrar, lo examina y asiente con la cabeza mientras sigue radiografiando mi anatomía. Me piro para cortar la adoración y cuando aún no ha pasado un cuarto de hora ya me reclama otra vez.

- ¿Ha llamado Torres y Hermanos?- vuelve a babear como un descosido. Me está dando un mal rollo del copón.

- No, don Leonardo.

- Por favor, quítame el don...me hace un vejestorio de co....-se frena el taco-. Leo, si no te importa, Leo, así me llaman todos mis amigos. Ya sabes, si llaman me pegas el toque, ¿de acuerdo?

- Sí, don..., perdón... Leo.

- Así me gusta. Tú y yo haremos grandes cosas.

Ya me imagino las grandes cosas que quieres hacer tú, Leoncito. Darte un revolcón con tu secretaria, si es que es de cajón de madera. Pero cuidadín que la Puri tiene las cosas bien claras. Nada de meter la olla en la polla, ¿era al revés, verdad? Bueno, tendré que sacar mis habilidades de lidia, a base de capotazos creo que podré contener el empuje del jefazo. Las seis y vuelve a la carga, un grito es suficiente para que me reclame. Silvia me mira y se sonríe. A mí no me hace ni puta gracia. Para ser el primer día, no sé, me está dando mal rollete tanto contacto.

- Perdona, Puri....toma nota que te voy a dictar una carta.

- Espere, me he dejado el bloc en mi sitio, don Leonardo.

- Todavía estamos con esos ceremoniales....

- Sí, sí....es que se va el santo al cielo...Leo, ahora mismo vuelvo...

- Uy...qué bien suena mi nombre en tus labios.

Hago como que nada pero la frasecita me ha sentado como un tiro. Qué cabronazo...no para, insiste, percute, dale que te pego. No guarda la compostura. No se está de nada el muy obseso, es la primera tarde, joder, no se corta ni un pelo, venga lanzar el anzuelo a ver si la novatilla pica. Joé, yo pensaba que sería cuestión de capear el temporal pero la misión no se presenta nada fácil.

Silvia que tiene un pesquis impresionante, será un capulla pero no se le pasa nada, guipa mi cara de fastidio al salir del despacho del jefe y me lanza un tirito.

- Leo está hoy un poco pinito, ¿verdad, camarada?

- ¿Cómo?-respondo haciéndome la despistada.

- Nada, nada...cosas mías...hay días que una ducha fría le iría muy bien.

- Perdona, puedes concretar...es que no me entero de nada.

- A buen entendedor pocas palabras bastan, cariño. El trabajo no está nada mal, no es que te tengas que deslomar, pero el jefe es un poquillo pegajoso. Todas hemos pasado por esto. De vez en cuando le pega un subidón de la testosterona y los pulpos son unos santos al lado de don Leonardo.

- Joder, yo ya me estoy hartando – le confieso sincera- es que lleva ya dos asaltos y no sé si podré contenerme. Yo me conozco y me cuesta saltar pero cuando lo hago no suelo medir las consecuencias.

- Tranqui, colega, a todas nos ha tocado el culo alguna vez, no es para tanto. Luego se alivia él solito en el lavabo y ya está.

- ¿Qué me dices? ¡Qué guarro! No me jodas que os ha tocado el culo..... no me lo dices en serio- temo que sea una trampa de esta pija de mierda.

- Pregúntale a las otras dos. Yo te puedo hablar de mí...a mí no ha pasado de un par de sobeteos como el que no quiere la cosa. Yo creo que Nati ha ido más allá. Esa tiene cara de chupapollas...qué quieres que te diga.... Y Patricia es muy reservada...pero un par de veces los he visto irse juntos. Algún trabajillo le habrá hecho a don Leonardo en su casa.

- Oye, tía, ¿me estás tomando el pelo, verdad?

- Claro...por supuesto, me lo estoy inventando todo. Tú misma, lo que has oído son elucubraciones mías...- el jefe grita mi nombre y eso provoca la sorna de Silvia-. Corre, corre...Leo- me sorprende que ahora utilice el diminutivo de Leonardo esta capulla- te está esperando.

Silvia es una completa hijaputa. No sé si creerla o no. Para mí que está jugueteando, en el fondo es una novatada más. Pero por otra parte el pájaro no me inspira demasiado confianza y no metería la mano en el fuego por él, vaya que si fuese verdad lo que dice la repipi con patas tampoco me llevaría las manos a la cabeza. Hóstia Puri, vaya fregao en el que te has metido. Pienso en Fernandito, en Manolo, en por qué las cosas no podrían seguir como estaban, por qué la vida se lía como una madeja de lana y luego cuesta un ovario desliarla.

- ¿Qué te pasa, mujer? ¿Cómo que has tardado tanto?- me recibe con una sonrisa babosa don Leonardo, joder, que no me acostumbraré a tutear a un jefe.

- Nada, nada... ya estoy lista.

- ¿Sí?- la pregunta es alargada, arrastrada, suavecita, no sé si es que veo fantasmas o qué es lo que pasa, pero la situación empieza a no hacerme ni puta gracia, ¿me estaré volviendo paranoica?

- Usted dirá.

- Y vuelta...¿no me tutearás o qué? Mira que la próxima vez te pongo de patitas en la calle...

Suelta una carcajada imbécil que me repatea el estómago. Mira, a lo tonto a lo tonto ya me ha clavado la amenaza. Cómo el que no quiere la cosa.

- Se me hace difícil, la verdad.

- Es por eso que una cena juntos serviría para ir acercándonos, conociéndonos, es muy importante crear un clima de confianza. Es la base de un buen trabajo.

- Sí, sí, claro.

- Ya veo que lo entiendes. ¿Seguro que esta noche no puede ser? No sé...es mejor no demorar las cosas. Luego se desvirtuan, empiezan los malos entendidos.

- No, hoy me es imposible. Tengo a mi niño con mi ex y no puedo abusar.- intento destrempar al tigre de Bengala.

- Venga, mujer...seguro que tienes alguna canguro de repuesto. Yo creo que lo nuestro es importante.

Este tío es un sinvergüenza. Pero cómo se atreve. Joder, es mi primer día de trabajo. No se corta ni un pelo.

- ¿Me dicta la carta?- le pregunto con un tono desagradable que intenta ser un imaginario hielito en los huevos al salido de mi jefe..

- Sí, sí...- veo que me ha captado porque cambia la cara de bobo por una un poco más presentable.

Empieza la redacción y yo tomo nota de lo que me dice. Se levanta de su sillón de cuero reclinable y empieza a dar vueltas por el pequeño despacho mientras desgrana frases y luego las corrige lo que me obliga a llenar el papel de tachones. Hóstia!!!! Ya lo tengo a mis espaldas y está muy cerca. Noto su olor, no precisamente muy agradable, huele a un coctail de sudor y alguna otra cosa que no adivino pero que no es fragancia de buen gusto. Empieza a rebasar la línea de seguridad y me está poniendo de los nervios. Con la excusa que quiere leer la última frase, se me abalanza por la retaguardia y poco a poco se juntan los organismos, joé, joé, joé....esto se está precipitando y yo... coño, que noto su polla en mi hombro y la mano que resigue el escrito parece querer reposar en mi teta derecha.

RECETAS PARA LA CRISIS (6)

(Si no leíste los anteriores capítulos puedes encontrarlos en la categoría RECETAS PARA LA CRISIS en el menú lateral izquierdo)

Me he dejado a Fernandito con su papá. La cara de Manolo parecía un semáforo. Primero le he dicho que había encontrado trabajo, ámbar. No fastidies, es lo primero que ha salido de sus labios. Luego cuando le he informado del horario no ha podido reprimir un No me joas. Rojo. Yo no he entrado al trapo, son años de discusiones sin fin. Le he explicado en un periquete el contenido de los potecitos de papeo para el niño, las mudas para posibles percances, los pañales, el termómetro y otras menudencias. He dejado mi alma en el beso en la frente de Fernandito, qué guapo es el resalao, y antes de que se me encharcaran los ojos de lágrimas me he pirado haciendo de tripas corazón.
- ¿Cuándo vuelves?
- A las ocho y media. Salgo a las ocho, pero cuenta med
ia hora entre pitos y flautas.

He bajad
o las escaleras de dos en dos por no esperar el ascensor y tener que aguantar la cara de pena de Manolo con el niño en brazos. Parecía un mártir de guerra. ¡Joder, capullo, que te quedas con tu hijo! De todas formas estamos delante de la gran proeza del machito ibérico, no le recuerdo quedarse con el crío más de seis o siete horas solito . Un experiencia inolvidable, de las que unen. Es su papaíto querido. Afortunadamente, los hijos nos sobreviven.
Puri tienes las gónadas como bolas de baranda. El lunes te comunicó Manolo su triste situación y el martes estás cogiendo el autobús rumbo al nuevo currelo. Pim pam. Dic
ho y hecho. Nada de rumiarte las cosas, de darle vueltas, de sopesar los pros y los contras, de hacer balances. Al ataque. La vida te da sorpresas, te lleva por caminos insospechados, te crees que todo está planificado y lo que antes era un remanso de paz y tranquilidad se convierte en un caballo al galope. No mires demasiado hacia atrás o te quedarás como una estatua de sal. El autobús hace un ruido semejante a un pedo a gran escala y se abren las puertas. Camino cinco minutillos y entro en la oficina rozando las cuatro de la tarde. Por ser el primer día me han dado un poco de vidilla.

Tengo entrevista con el jefe, don Leonardo. Nati no se apercibe de mi llegada, está embobada con el móvil y pasa de mí olímpicamente. Otra cosa es la pija, que he investigado y se llama Silvia, me mira como si me perdonase la vida y la suelta.


- Con la hora pegada en el culo.

- Sí, ha sido el primer día y he tenido que dejarlo todo preparado en casa.

- Uy....¿me e
xplicarás ahora tus memorias?- se carcajea como una gilipollas- Te espera el jefe. Si fuera por mí....-musita por lo bajini.

Entro casi sin aliento en un cuchitril de cuatro por cuatro metros lleno de carpetas desordenadas, papeles recogidos por una goma de las que hacíamos servir de tirachinas en el cole y otros objetos de lo más variopinto. El jefe está reclinado en un sillón de cuero y empieza a babearse. Es la hora de la siesta por lo que intuyo. Carraspeo para ver si consigo despertarlo. Taconeo con discreción provocando algo más de ruido pero sin llegar a ser violenta. Sigo carraspeando, joder, parece que fume caliqueños. Nada, el tío tiene una cara de felicidad del copón. Digo un hola delicado. Un ¿sí?....un buenas tardes...otro señor Leonardo.... Me sube y no puedo controlarlo
...que no, que se me va a escapar, por Dios que no puedo, que no .....que se me escapa...que sale....¡¡¡achússsssssss!!!

- Hola, buenas tardes....¿es usted la nueva administrativa, verdad? Siéntese, por favor, tome asiento.

Lo que más me impresiona del señor Leonardo es su impresionante mostacho. Por mucho que quiero valorarlo en su globalidad mis ojos sólo tienen atención para el manojo
de pelos entre canosos y castaños que comparten el espacio entre el labio superior y la nariz. Joder, que parece que tenga vida propia. Al ofrecerme asiento se ha levantado para ser galante y he visto lo que no tenía que ver. El hombre es algo regordetillo, yo le hecho unos cincuenta añitos, los pantalones son entallados, de tergal gris, algo desgastados todo hay que decirlo, la cosa es que la cremallera de la bragueta ha cedido y está de par en par. Lo mismo que el mostacho, yo tendría que olvidarme del percance, pero no puedo, los ojos se me van para una especie de cueva que oculta unos calzoncillos a rayas rojas y blancas que parecen del año de María Castaña. Me pasa a escasos centímetros y me da repelús como si me hubiese dado la corriente. Por efecto del sueño está despeinado y la estampa es algo estrambótica, la verdad.

-¿Qué tal, cómo se encuentra....señorita....?- me mira y rectifica- ¿señora....?- me jode, me gustaba más el principio.
- Puri
- Puri, qué impresión le ha causado esta oficina.

Me acuerdo de don José, el profe de lengua de octavo de EGB. Las preguntas retóricas. Mira que la memoria tiene estas cosas, no me acuerdo un carajo de muchas cosas pero ahora me viene a la pelota este tema. Son aquellas que se formulan sin que haya ánimo de que sean contestadas. Diez, Puri, Diez. Y yo era feliz porque en el fondo siempre había querido ser una empollona, otra cosa era la dura realidad, lo de hincar los codos en mi caso era un ejercicio discontinuo.

- Bien- respondí comedida.
- Poco a poco....ya verá como al final se sentirá muy a gusto entre nosotros.


Pienso en Nati, la autista de la entrada, y en Silvia, la pija gilipollas tocapelotas. Mi segundo hogar.

- Y cómo ha sido esto de trabajar....-lo deja caer así como el que no quiere la cosa.


Dudo, la anterior ha sido una pregunta retórica y ésta es una pregunta trampa. Si me salgo por la tangente creerá que soy poco transparente y desconfiará. Si suelto una trola, si me pilla perderé la credibilidad y si digo la verdad no sé lo que pasará. P’adelante Purita.


- Mi ex se ha quedado en paro y como no me podía pasar la pensión me he visto obligada a incorporarme al mundo laboral- sí, señora, qué retórica, me enorgullezco de mi expresión cuidada, cuando quiero soy una joya.

- Uyy...querida, la cosa está achuchada, esto de la crisis tiene muy mala pinta. Las empresas están echando gente con una alegría.. suerte que nuestro trabajo tiene que ver con sectores muy consolidados y no creo que tengamos problemas. Esta empresa es una gran familia, me gusta que las empleadas se sientan cómodas. Un trabajador contento rinde el doble que uno descontento. ¿No cree lo mismo, Puri?

Segunda pregunta retórica. Asiento con la cabeza pero empiezo a sentir una desazón importante. Don Leonardo se detiene un segundo en mis ojos y diez en mis tetas. Intenta disimularlo pero se le nota cantidubi.

RECETAS PARA LA CRISIS (5)

RECORDATORIO

Manolo, el ex de Puri, se planta en su casa y le dice que no le puede pasar la pensión de 400 euros por Fernandito porque se ha quedado en paro. Puri le dice que no traga y que haga de canguro del niño, cosa que a él le sienta como una pata en los.... pero acepta al amenazarle Purita con el juez. Nuestra heroína se pone manos a la obra en la búsqueda de trabajo, tira de amistad de María José, empleada en una ETT que la envía a un trabajo de tarde (de una a ocho) en una oficinita. Puri, cándida ella, se encamina a ganar sus primeros 800 euritos, todo un fortunón.




-Pasa para adentro, ya te explicará aquella tus tareas, yo ahora tengo mucho que hacer.

La que me recibe con tanta amabilidad es una especie de cebolla con gafas que entiende por “mucho que hacer” sacarse cerilla de la oreja y pintarse los labios mirándose a un espejillo supercanijo.

-Mira, que soy la nueva y me ha dicho...
-Lo siento, ¿en la puerta no estaba Nati? Pues es ella la que tiene que explicarte lo que hacía Petra, a la que tú sustituyes- me corta sin darme opción a más.
-No, que es que ella...

-Tía, espabila, joder, ¿no entiendes el castellano? Es facilito- me empieza a hablar silabeando como si fuese una subnormal-. La que tiene que enseñarte tú trabajo es la de fuera, se llama Nati. Punto pelota.
-Pero es que... -Joder, cada vez las traen más tontas- se lo dice a una chica de pelo rizao que parece abducida por la pantalla del ordenata.
La que se dirige a mí con tanta amabilidad es una jovencita, le echo veintipocos, pero tiene cara de niña, y la carita angelical es traicionera porque lo que es educación la tiene en la parte del tacón.

-Perdona, no creo que me tengas que faltar- le replico suavecito-. Yo sólo te he pedido....

-Y vuelta, tía, yo no tengo todo el día para ti. Aquí trabajamos, ¿entiendes?

Segundo encontronazo con el concepto trabajo, parece muy flexible en esta oficina. La emperatriz Sisí, o sea, traducido, la que me pega gritos y me trata como una pelotilla de la nariz está leyendo una revista de moda mientras tiene desmontao todo el bolso encima de la mesa de trabajo y quiero intuir que está ordenándolo en horas de curro. Puri cállate, que María José ya te dijo que hay que buscar el punto positivo.


-Hola, Nati, ¿verdad? ¿Te llamas Nati, no?-la situación me ha vuelto algo torpe pero es que no quiero meter la patita.

-Ya te ha largao, ¿verdad?

-¿Cómo?

-La puta niña de los cojones- primer vapuleo al diccionario de los tacos.

-No entiendo. -Que ese proyecto de pija garrulilla, que se cree la reina de la oficina te ha mandado para mí. ¿Lo acierto?
-Pues, sí- ya me veo yo en medio del fuego cruzado.
-Pues mira, maja, una servidora tiene los ovarios como bolas de baranda, osease, que te vas para ya cagando leches - se ríe a carcajada llena con la expresión- y le dices de mi parte que si se cree que es una mierda pues no llega ni a peo.

-Perdona, yo...

-¿Me has oído, tía? No estoy de humor, ¿vale? Tengamos la fiesta en paz, contigo no va nada. No sé.

Estoy confusa, no me esperaba este recibimiento, tampoco esperaba una alfombra roja, pero leches, que me traten como una pelota de ping-pong pues tampoco. Creo que tendré que reciclarme, el trabajo está más jodío de lo que me pensaba.
Tengo dos opciones. Opción A: Me lo puedo tomar a la tremenda, sacar el genio que llevo dentro, montar un pollo de la hóstia y empezar con el pie izquierdo en mi nuevo puesto. Opción B: cargarme de paciencia hasta la coronilla, esperar que estas dos se les pase el carajote que llevan y un día de estos conocer mis nuevos cometidos. De momento encuentro la más sensata la segunda.

-¿Otra vez por aquí?- me mira con cara de asco la reina.
-Pues sí, Nati dice que eres la persona.
-¿Qué persona?

-La que tiene que hacer el honor.

-¿El honor? ¿Tú flipas, verdad?? Qué cursi, tipa....Honor... ni que fueses la Cayetana de Alba. ¿Te has fumado algo?
-Pues no, pero si llego a saber adónde venía, vengo preparada.

La niña masca chicle que parece que se le vayan a desencajar las mandíbulas. Las secretarias de hoy en día han perdido clase a la velocidad de la luz, ni porte, no comporte, parecen cabareteras, al menos esta que tengo delante. Hace un par de años que dejé de currar y veo que el espécimen secretaria modosita está en extinción.
Además ahora pasa de mí. Está ocupada pintándose las uñas y le suda el jigo que una servidora esté plantada delante de ella esperando que le expliquen sus funciones. Paciencia, Puri, Paciencia.
Me siento en una silla que hay frente a su mesa de trabajo.

-¿Quién te ha dado permiso para sentarte?- me suelta rebuznando sin dejar de mirar la obra de arte que se está haciendo en las uñitas.

-La misma que te ha dado permiso a ti a pintarte las uñas- levanta su mirada con ganas de fulminarme.
-Muy listilla, verdad, ¿de qué universidad vienes,maja?

-De la de la vida...te enseña mucho, por ejemplo a lidiar con gilipollas.

Ya te has pasado, Puri. No tienes aguante. Soy consciente de que ahora va a comenzar a lanzar fuego por la boca. Que me va a pegar un vocinazo de tres pares. Que se va a cagar en todo lo que verdeguea. Que me suelta un latigazo verbal de los que hacen época. Y el punto positivo de María José que vuela por encima de la oficina y se me larga por la ventana. Y tengo que volver con el orgullo debajo de las enaguas a decirle a mi querido Manolo que me han echao a la calle el primer día de curro. Me lo veo.

-Cógete ese montón de hojas y las ordenas cronológicamente- las señala despectivamente, con mucho desinterés-. Luego les haces agujeros y las metes en el archivador. Siéntate en aquella mesa y te ocupas de la línea 3. Toma nota de todo lo que te digan y después se lo pasas en una libreta verde que tienes encima de la mesa al jefe.

El ogro se ha calmado. Me la he jugado y me ha salido cara. Pero también me podía haber salido mierda. Dejo mi bolso en un colgador, me voy para la mesa que parece que haya sobrevivido a la segunda guerra mundial, no por antigua sino porque está todo manga por hombro. Me siento en una silla con respaldo, ufff...qué alivio. Y respiro. Las hojas son facturas y ordenarlas por la fecha no es demasiado difícil. La taladradora está oxidada y me jode algunas facturas cuando las intento agujerear. Suerte tengo que el teléfono no ha sonado.
Entre pitos y flautas son la una y media del medio día. No llevo media hora en este antro y ya tengo ganas de pirarme. Siempre decía mi abuela que los gitanos no quieren a sus hijos con buenos principios....espero que el dicho sea cierto, peor no podía haber entrao, con la pata izquierda y hasta el fondo.

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